„Fammi un lavoro“, es una petición de un amigo búlgaro, realizada así en italiano. „Fai-me un emprego“, sería la traducción en gallego.
Resulta dificil de imaginar para quien, como parte
fundamental de la ingeniería, no conoce los pormenores de las „uniones roscadas“ o la „ciencia de los
materiales“, la enorme multiplicidad de parámetros involucrados en el punto
donde la llanta es artraída hacia el centro por la tensión de ese increible
elemento llamado radio de bicicleta. Cada radio de curvatura que se pueda
observar en los mecanizados, cada elemento componente de las aleaciones de
latón, duraluminio y acero, es el resultado de un proceso de perfeccionamiento
que bien podría calificarse como la gran odisea de la metalurgia, causante de
sucesivas revoluciones industriales, inspiradora de las teorías economicas
tanto capitalistas como marxistas, y finalmente responsable tanto de las épocas
de depresión posteriores a cada auge, como del desencadenamiento, desarrollo y
desenlace de los conflictos bélicos.
Lo cierto es que el uso masivo de la bici como medio de
transporte complementario al resto, es algo tan sencillo como genial, que al
generar una compejización de los movimientos básicos que son fundamento de la
sociedad, afectan positivamente desde la economía hasta la salud física y
mental de los usuarios. El uso cotidiano de la bici sencillamente cambia la
sociedad, de modo que en los paises mas avanzados se promueve su uso de manera
directa: pagando los kilómetros realizados.
Por tanto, escribamos algo bonito en nuestra lengua sobre el
arte de dejar una llanta tradicional perfectamente centrada, y comencemos
recomendando la inspiradora visita a la web (en inglés) http://www.wheelfanatyk.com/
Son ya tres décadas desde que comenzamos a girar, al
principio de manera un tanto aleatoria y con la muy poco aconsejable ayuda de
una llave inglesa, las pequegnas cabecillas que se interponen entre llanta y
radio. En la época en que mi hermano decidió que era necesario instalar un buje
trasero, y por tanto entregarse a la apasionante tarea de montar y desmontar la
totalidad de la rueda, todavía no había escrito Denise McCluggage su
manual The Centered Skier, el esquiador
centrado (1992), donde la ex-piloto profesional de rallys narra su pequegna transformación
interior basada en filosofías orientales, requerida para lograr extraer de un
par de esquies de la época un verdadero giro tipo carving, objetivo para lo
cual la americana recomienda practirar primero el tai-chi e ilustrarse en las
descripciones que la fémina al volante hace de las técnicas descritas por los
pilotos nórdicos en cuando al uso del pie izquierdo sobre el pedal de freno.
Montar una rueda trasera no es una tarea fácil. Alguno de
vosotros sabrá que las ruedas traseras tienen en general la mitad de los radios
2 milímetros mas cortos que la otra mitad, seguramente los mas osados habrán
comprobado que dicha diferente geometría asimétrica se ve reflejada en una gran
diferencia de tensión entre los radios correspondientes a cada lado, pero, solo
los muy muy wheelfanatyk pueden llegar a ser lo suficientemente freaks para
saber que la tensión adecuada para dichos radios se mueve en un margen bastante
estrecho, por el cual en el lado derecho algunos elementos llegan a aproximarse
a su límite de resistencia en alguna de sus dimensiones, dependiento
así mismo de la geometría de alguno de los puntos de contacto, a la vez que en
el lado izquierdo la tensión se mantienen tan baja que el rozamiento creado en
la absolutamene calculada unión roscada, posee un rozamiento relativamente bajo
que dependiendo del tipo de aleación utilizada en un total de cuatro elementos
involucrados, así como de la calidad del acabado de las dos partes de la rosca,
debe ser, este rozamiento, alterado usando diferentes compuestos quimicos que
pueden ser suministrados por algunos fabricantes, u objeto de un saber limitado
a los auténticos iniciados.
El uso de herramientas elegantes incrementa
indescriptiblemente el placer del centrador de ruedas, así como la admiración
del cliente y por tanto el amor propio del tantas veces subestimado mecánico de
bicicletas. Os recomiendo que volváis a la página weelfanatiks (arte o
artesanía?). Junto con el arte de la siega a guadagna, objeto del documental „Das
Mähen mit der Sense“ (en amazon la podeis encontrar) y también de inspiración
oriental (en un anexo a dicho Dvd también podeis ver un práctico útil para „cabrugnar“
adecuado para evitar choque con el únicamente reservado para auténticos maestros
uso del martillo en los potenciales principiantes)… son estas dos tareas, la
siega tan representativa y el centrado
de ruedas, dos fuentes inigualables de calma espiritual, muy diferentes al „usar
y tirar“ o a esos horribles robots deliberadamente ciegos que serían a
Zatoichi, el samurai ciego lo que una sierra rotativa. Cortar, corta, pero no
es lo mismo.
Llegado el momento de ejercer tensión en los radios de una
rueda trasera, nuestro mecánico habrá previsto la llanta dos milímetros hacia el
lado derecho, justo cuando el diapasón ejercido por una llave allen del 6
redonda marque la tensión de los radios ligeramente inferior a la deseada.
Entonces, efectuando únicamente en los radios aun laxos del lado izquierdo, la
rueda podrá ser tensada, como un arco (si ya se que la relacción con el
siguiente libro está regular hecha: „Zen en el arte del tiro con arco“, en el
cual se nos explica de manera inolvidable que, si los japoneses no ganan
siempre las olimpiadas de su deporte mas popular, no es por falta de estilo ni „satori“,
sino, porque, a fin de cuentas, el bienestar mental es una cosa pero la
precisión es la precisión, y la precisión que pretendemos alcanzar en nustra
llanta tiene que ser de 0,1 mm, es decir, el mínimo apreciable en un calibre
usual de taller). Pero, lo mas hermoso de esta larga historia por la cual os
convertiréis, si tengo suerte, en wheelfanatys, es que llegado al punto de
precisión mencionado, la acción torsora ejercida en la cabecilla del radio
llega a ser de medio cuarto de vuelta, tan pequegna, que es necesario girar un
poco mas la cabecilla y luego retornar en sentido inverso hasta el punto
deseado una cierta cantidad, no precisable sino perceptible, en un momento en el
que como diria Pirsig en su increible y posiblemente inacabado „Zen y el arte
del mantenimiento de la motocicleta“, todas las estructuras (expesores,
tensiones, geometrias, medidas) se diluyen para mostrar, con esa mínima mencionada
tolerancia, la verdadera materia de la que está hecha la pasión ciclista.
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