sábado, 23 de abril de 2016

Como centrar una llanta.

Los ciclistas del ya bien entrado siglo XXI tenemos la suerte de poder rodar, en nuestras bicis mas deportivas, las nuevas ruedas super-ligeras, disegnadas para no tener en general mantenimiento, pero también, en aquellos vehículos destinados a desplazamientos donde la rapidez no es el factor esencial, a ruedas clásicas de 32 o 36 radios, que requieren mantenimiento periódico. Una de los tareas mas bonitas del trabajo de mecanico de bicis, y que tradicionalmente diferencia al auténtico profesinal apasionado del ocasional.
 „Fammi un lavoro“, es una petición de un amigo búlgaro, realizada así en italiano. „Fai-me un emprego“, sería la traducción en gallego.

Resulta dificil de imaginar para quien, como parte fundamental de la ingeniería, no conoce los pormenores de  las „uniones roscadas“ o la „ciencia de los materiales“, la enorme multiplicidad de parámetros involucrados en el punto donde la llanta es artraída hacia el centro por la tensión de ese increible elemento llamado radio de bicicleta. Cada radio de curvatura que se pueda observar en los mecanizados, cada elemento componente de las aleaciones de latón, duraluminio y acero, es el resultado de un proceso de perfeccionamiento que bien podría calificarse como la gran odisea de la metalurgia, causante de sucesivas revoluciones industriales, inspiradora de las teorías economicas tanto capitalistas como marxistas, y finalmente responsable tanto de las épocas de depresión posteriores a cada auge, como del desencadenamiento, desarrollo y desenlace de los conflictos bélicos.

Lo cierto es que el uso masivo de la bici como medio de transporte complementario al resto, es algo tan sencillo como genial, que al generar una compejización de los movimientos básicos que son fundamento de la sociedad, afectan positivamente desde la economía hasta la salud física y mental de los usuarios. El uso cotidiano de la bici sencillamente cambia la sociedad, de modo que en los paises mas avanzados se promueve su uso de manera directa: pagando los kilómetros realizados.

Por tanto, escribamos algo bonito en nuestra lengua sobre el arte de dejar una llanta tradicional perfectamente centrada, y comencemos recomendando la inspiradora visita a la web (en inglés) http://www.wheelfanatyk.com/

Son ya tres décadas desde que comenzamos a girar, al principio de manera un tanto aleatoria y con la muy poco aconsejable ayuda de una llave inglesa, las pequegnas cabecillas que se interponen entre llanta y radio. En la época en que mi hermano decidió que era necesario instalar un buje trasero, y por tanto entregarse a la apasionante tarea de montar y desmontar la totalidad de la rueda, todavía no había escrito Denise McCluggage su manual  The Centered Skier, el esquiador centrado (1992), donde la ex-piloto profesional de rallys narra su pequegna transformación interior basada en filosofías orientales, requerida para lograr extraer de un par de esquies de la época un verdadero giro tipo carving, objetivo para lo cual la americana recomienda practirar primero el tai-chi e ilustrarse en las descripciones que la fémina al volante hace de las técnicas descritas por los pilotos nórdicos en cuando al uso del pie izquierdo sobre el pedal de freno.

Montar una rueda trasera no es una tarea fácil. Alguno de vosotros sabrá que las ruedas traseras tienen en general la mitad de los radios 2 milímetros mas cortos que la otra mitad, seguramente los mas osados habrán comprobado que dicha diferente geometría asimétrica se ve reflejada en una gran diferencia de tensión entre los radios correspondientes a cada lado, pero, solo los muy muy wheelfanatyk pueden llegar a ser lo suficientemente freaks para saber que la tensión adecuada para dichos radios se mueve en un margen bastante estrecho, por el cual en el lado derecho algunos elementos llegan a aproximarse a su límite de resistencia en alguna de sus dimensiones, dependiento así mismo de la geometría de alguno de los puntos de contacto, a la vez que en el lado izquierdo la tensión se mantienen tan baja que el rozamiento creado en la absolutamene calculada unión roscada, posee un rozamiento relativamente bajo que dependiendo del tipo de aleación utilizada en un total de cuatro elementos involucrados, así como de la calidad del acabado de las dos partes de la rosca, debe ser, este rozamiento, alterado usando diferentes compuestos quimicos que pueden ser suministrados por algunos fabricantes, u objeto de un saber limitado a los auténticos iniciados.

El uso de herramientas elegantes incrementa indescriptiblemente el placer del centrador de ruedas, así como la admiración del cliente y por tanto el amor propio del tantas veces subestimado mecánico de bicicletas. Os recomiendo que volváis a la página weelfanatiks (arte o artesanía?). Junto con el arte de la siega a guadagna, objeto del documental „Das Mähen mit der Sense“ (en amazon la podeis encontrar) y también de inspiración oriental (en un anexo a dicho Dvd también podeis ver un práctico útil para „cabrugnar“ adecuado para evitar choque con el únicamente reservado para auténticos maestros uso del martillo en los potenciales principiantes)… son estas dos tareas, la siega tan representativa  y el centrado de ruedas, dos fuentes inigualables de calma espiritual, muy diferentes al „usar y tirar“ o a esos horribles robots deliberadamente ciegos que serían a Zatoichi, el samurai ciego lo que una sierra rotativa. Cortar, corta, pero no es lo mismo.

Llegado el momento de ejercer tensión en los radios de una rueda trasera, nuestro mecánico habrá previsto la llanta dos milímetros hacia el lado derecho, justo cuando el diapasón ejercido por una llave allen del 6 redonda marque la tensión de los radios ligeramente inferior a la deseada. Entonces, efectuando únicamente en los radios aun laxos del lado izquierdo, la rueda podrá ser tensada, como un arco (si ya se que la relacción con el siguiente libro está regular hecha: „Zen en el arte del tiro con arco“, en el cual se nos explica de manera inolvidable que, si los japoneses no ganan siempre las olimpiadas de su deporte mas popular, no es por falta de estilo ni „satori“, sino, porque, a fin de cuentas, el bienestar mental es una cosa pero la precisión es la precisión, y la precisión que pretendemos alcanzar en nustra llanta tiene que ser de 0,1 mm, es decir, el mínimo apreciable en un calibre usual de taller). Pero, lo mas hermoso de esta larga historia por la cual os convertiréis, si tengo suerte, en wheelfanatys, es que llegado al punto de precisión mencionado, la acción torsora ejercida en la cabecilla del radio llega a ser de medio cuarto de vuelta, tan pequegna, que es necesario girar un poco mas la cabecilla y luego retornar en sentido inverso hasta el punto deseado una cierta cantidad, no precisable sino perceptible, en un momento en el que como diria Pirsig en su increible y posiblemente inacabado „Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta“, todas las estructuras (expesores, tensiones, geometrias, medidas) se diluyen para mostrar, con esa mínima mencionada tolerancia, la verdadera materia de la que está hecha la pasión ciclista.

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